Lactarius deliciosus: níscalo

Lo de este año con los níscalos, mízcalos, rebollones … ha sido una locura. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto cogiendo níscalos. Pero además de la locura de coger la mayor cantidad de estas setas y procurar que se entere todo el pueblo para presumir, hay otra cosa con lo que disfruto todavía más, hacer fotos al monte.

Quizá no hay otra época del año donde uno se sumerja más tiempo en el bajo monte de nuestras montañas. Tras una temporada de lluvia intensa, como la de este año, caminar buscando níscalos es también encontrar un micromundo más próximo a veces a los cuentos de gnomos, que al monte seco al que estamos acostumbrados.

Las setas que veis no son setas que sepa reconocer y no las recojo. Esta última foto, no la confundáis ni con setas ni con las orejas de Shrek! Son líquenes, y estos después de tantas lluvias, parece que están en su máximo esplendor.

Para terminar os dejo aquí dos fotos de lo que sí sé reconocer con tan sólo ver la manera en cómo levanta el suelo húmedo del monte, el níscalo, tan bueno que hasta su nombre científico nos dice que está para chuparse los dedos: “lactarius deliciosus”.

Si lo sé no vengo … a por setas

El otro día me hice la chula. Así soy yo, de vez en cuando me crezco, “van a flipar” debí pensar y les dije a mis compañeros: “me voy a ir a por setas y voy a hacer una entrada para el blog sobre el tema”. “Es pronto para las setas, ¿no?”, me decían tímidamente ante la seguridad de mi afirmación. Pero yo no escuché a nadie, cogí mi cestica y mi navaja y me planté en una chopera de dónde otros años había vuelto a casa con la cesta llena.

Por supuesto fue un desastre, es lo que me pasa siempre que me hago la chula. Encontré tan sólo una triste seta de tocón de chopo, y muchas pistas del doloroso y temido “ya has llegado tarde”… estaba lleno de rabos de setas previamente cortadas por una afortunada persona que se las habría comido ya con su feliz familia, asadicas o en un delicioso revuelto.

En fin, aún sin esas fotos que yo imaginaba, de cestas llenas hasta arriba y preciosas y perfectas setas amontonadas bajo los chopos, aprovecharé para hablar un poco sobre las que recogemos en el Valle.

Aquí, los que nos somos expertos, cogemos de tres tipos: de tocón, de cardo y rebollones. Las setas de tocón crecen en la base de árboles como el chopo, el olmo, la higuera o el almez. Podemos encontrarlas durante el otoño en lugares húmedos por los que pasa agua cerca y en otros más secos 10-12 días después de que llueva. Las de cardo se buscan en medio de los bancales o en campos abandonados, éstas a los 15-20 días después de las lluvias. Los apreciados rebollones, níscalos, pebrazos o vízcanos crecen el en monte 30-40 días después de que llueva y siempre y cuando no hiele.

Si os gusta coger setas y tenéis más suerte que yo, podéis enviarnos vuestras fotos a enunlugardelvalle@gmail.com y publicaremos aquí una selección de las que más nos gusten.

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