Me encanta el Otoño

¡Me encanta el otoño! Es mi estación preferida del año. Me gusta la lluvia de hojas cuando sopla el viento, empezar a sentir el frío, los colores, los atardeceres, las sombras largas, la luz como dorada que da a estos días una atmósfera tan especial…

Pero hay un lugar en el valle que durante el otoño me parece el sitio más bonito del mundo, Fuente Bella, en Jarafuel. Allí disfruto recorriendo cada rincón, contemplando y escuchando la naturaleza en esta época del año.

Al dejar la carretera y adentrarme en el Barranco del Agua, se asoma ante mí un paisaje de colores extraordinarios; verdes, naranjas, amarillos, rojizos… envuelto en una luz tenue y adornada con el olor de los pinos.

Algunos árboles no pueden más con sus hojas caducas y con ayuda del viento van tejiendo una alfombra sobre el suelo que cruje a mi paso y que esconde bajo ella algunos secretos. La fuente me espera cansada, incapaz de dejarse llevar por el letargo que va invadiendo su espacio, con su hilo de esperanza.

No puedo abandonar este lugar sin seguir el camino en dirección a Jalance durante apenas 2 kilómetros y visitar la Fuente del Tobarro donde dos caños de vida cristalina me recuerdan cuánto echo de menos este lugar en la ciudad.

Entre charcos y hojas caducas puedo descansar y pararme a contemplar este lugar tan especial, mientras el aire me susurra al oído que el invierno está cada vez más cerca.

Con curiosidad también observo la hiedra que mima los árboles luchando con tiento por mantenerse abrazada a éstos como queriendo protegerles del frío que está por llegar.

Nuestro Valle está repleto de pequeños y hermosos rincones que como éste nos permiten disfrutar de esta estación de transición entre el verano y el invierno, que nada tiene que envidiar a la primavera y desde aquí os animo a que disfrutéis de ellos, dejándoos invadir por la calma y la tranquilidad que se respira en estos lugares.

Me encanta el otoño, las sensaciones que me transmite y los recuerdos que deja en mi memoria cada año.

El verano se está despidiendo

El sol ya empieza a perder fuerza, mi sombra se proyecta cada vez más larga. El verano se va.
Quien ha pasado todos los veranos de su infancia en las calles de un pueblo, sabe que los recuerdos de aquellos días son de los mejores de su vida. Las golondrinas también pasaron este verano y los anteriores en mi pueblo, ahora, llegado ya septiembre, se preparan para marchar, pero al igual que yo pronto regresarán al nido que aquí dejaron.
Otros, más afortunados, se quedarán y podrán recorrer todos los días las calles tranquilas, podrán leer todas las noches el cielo plagado de estrellas. Ahora y antes de que pierda su olor, recuerdo las imágenes que encontré este verano en un lugar del Valle.

Recuerdo caminatas al amanecer o incluso antes para alcanzar la cima del Valle. Recuerdo qué es lo que se veía desde esa cima. Pudimos comprobar que por suerte el verde del monte se extendía también a la otra parte de nuestra comarca.

Recuerdo que otros baños no fueron en piscinas y el agua congelada de ríos y fuentes nos cortó la respiración al zambullirnos en ellas.

Los buenos recuerdos del verano en mi pueblo también llevaban fuego, pero sólo el de los concursos de comida tradicional, aquel que cocinaba la cena que luego compartíamos en buena compañía.

Me llevo imágenes del verano donde conocí gente que amaba y respetaba nuestras montañas, las trepaban con pies de gato y se colgaban de ellas con fuertes cuerdas.

Los recuerdos del verano en un pueblo tendrán siempre un cajón en mi memoria.

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