Nieve en el Valle

Flor de almendroMe hubiera encantado ver cómo caía toda esta cantidad de nieve sobre nuestro Valle, pero a veces no puede ser todo. Pese a ello no os puedo negar que conformarme con poder hacer una ruta para fotografiar esta maravilla fue toda una gozada.

La mañana del sábado me desperté como los niños que esperan encontrar una montaña de regalos debajo del árbol de Navidad.  Sin perder ni un minuto me calcé mis nuevas botas de montaña, cogí la cámara y ¡en marcha!

Fin del caminoEl camino que pretendíamos tomar para comenzar la ruta nos advierte de que quizá no sea tan fácil pasar por ahí con el coche, mientras tanto bajamos, nos tiramos bolas de nieve helada, nos hicimos alguna foto haciendo el mono y decidimos poner rumbo a la Hunde. De camino a esta, muchas estampas propias de paisajes del norte nos deslumbran con ese blanco inmaculado, también encontramos algún que otro muñeco de nieve del terreno (con ramas de pino en vez de zanahoria) y nieve, nieve y más nieve. Tanta nieve que, por supuesto, el intento de ir a la Hunde nos deja atascados en otro camino. Sin más remedio que conformarnos con adentrarnos a pie en la pista forestal que se dirige a ella.

Reconociendo que siempre son más atractivas las imágenes de nuestro Valle que mis palabras, ahora si, dejo de escribir para que desde la Hunde hasta Ayora disfrutéis tanto como yo lo hago de ver nuestros pueblos nevados.

Muñeco de nieveEspesor de nieveLuces y sombrasGran árbolNieve en la HundeDentro del bosqueSiembra blancaMontaña nevadaPuente camino a AyoraAmarillo sobre blancoAyora en inviernoCartel de AyoraCasco antiguoDeshielo

 

 

Rilas

En enero el día ya nos empieza a regalar más minutos de sol. Pese al frío, enero también es un mes en el que se celebran fiestas en diferentes pueblos del Valle; una de ellas es San Antón, que en el pueblo de Cofrentes se celebra con el nombre de “sagatos” (hogueras).

Son las mismas fechas cuando el calor de una hoguera nos calienta la mañana en la labor que a continuación describo.

Todo empieza sobre la tierra roja de una finca de almendros. La poda de estos llena el suelo de finas ramas y a veces no tan finas. El trabajo, simple pero laborioso, consiste en dejar limpia la zona, amontonándolas en una fila entre los almendros (a estas filas se les llama “rilas”) para más adelante dar paso a la labranza.

Estas líneas onduladas de madera, que se unen formando la figura de un tenedor, es la herramienta que se utiliza para este trabajo. La horca, así se llama, no necesita ni gasoil, ni motor y tampoco produce ningún ruido, ideal para disfrutar del trabajo en el campo, en una mañana soleada y sin el frío habitual de Enero.

Como si llevase un imán, la horca enlaza una maraña de pollizos podados, que son esas ramas nuevas del árbol, que aunque jóvenes, arañan la cara como los gatos.

El trabajo sigue, mientras, podemos ver que la flor del almendro ya asoma. Es hora de cruzar los dedos para que los hielos de enero, febrero o marzo, no maten las delicadas flores. En el Valle todavía no florecieron, aunque poco les falta, pero las poblaciones más cercanas al litoral ya tienen el árbol casi en flor.

Hechas las rilas, pasa a encargarse de ellas un tractor que las va llevando a un montón. Es como barrer el campo, pero a gran escala, sólo que no será el recogedor el que se deshaga de estos montones de ramas, sino las llamas.

Mientras el fuego empieza a cogerse, el tractor se atreve a seguir acercándose para amontonar bien las ramas y para que queme durante menos tiempo y lo más controlado posible.

El campo empieza a llenarse de humo, el tractor desaparece a veces y hasta los almendros se pierden. El cielo y el sol dejan de verse también. Un humo blanco envuelve por unos minutos todo aquello que está después de la hoguera. El montón de leña, que me saca dos cabezas, lanza una torre de humo guiada por el viento.

Pocos minutos después las llamas son protagonistas, tanto como el fuego de las hogueras de San Antón que celebrarán en estas fechas muchos pueblos de nuestro Valle.

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