Visita al Castillo de Almansa

¡Hola todos y todas! Con la entrada de hoy inauguramos una nueva sección titulada “en otros lugares” donde daremos a conocer sitios interesantes que no estando propiamente dentro del valle se encuentran situados cerca y son fácilmente accesibles desde él, como por ejemplo en este caso, el Castillo de Almansa.

Es imposible pensar en Almansa sin que te venga a la cabeza su castillo, que asoma sobre el relieve de la ciudad, en lo alto del Cerro de Águilas, evocando épocas pasadas.

Una mañana soleada de invierno, decidí ir a conocer ese lugar que tantas y tantas veces había visto desde abajo.

Salí desde el Valle en dirección a Almansa, recorriendo una distancia de 23 kilómetros en línea recta, una vez allí dejé el coche en el parking del polideportivo y justo enfrente encontré la calle escalonada que conduce a la oficina de turismo, desde donde se accede al castillo (no busquéis otra entrada, C/ Castillo nº18).

El horario de mañanas es de 10:00 a 14:00 y el de tardes depende:

  • en invierno es de 16:00 a 18:00
  • En verano es de 18:00 a 20:00 y
  • En primavera y otoño: de 17:00 a 19:00

Durante todos los días de la semana excepto en navidad y fiestas mayores, que convendría llamar antes para consultarlo (967-34 47 71)

En cuanto al precio es de 3 euros por persona y 2,50 euros en caso de estudiantes, carnet joven, niños, jubilados y grupos.

Cuentan que fue en ese lugar donde el Islam durante el periodo almohade dejó su huella construyendo una fortaleza, y sobre ésta, ya en el siglo XIV, se edificó el Castillo, uno de los mejor conservados, a mi juicio, de Albacete.

Con la entrada ya en mi mano, atravesando la recepción siguiendo las indicaciones salí al exterior donde encontré el sendero que conduce a la Puerta de Poniente, a través de un breve paseo a lo largo de el cual vi ya algunas reproducciones de máquinas de asedio que me hacían ir metiéndome en la historia.

Cabe destacar que tanto dentro como fuera del Castillo todos los árboles y arbustos están señalizados con carteles de madera donde consta su sombre científico y el común.

También todas las estancias del Castillo tienen grandes carteles que te indican en que sala te encuentras.

Una vez crucé la Puerta de Poniente, atravesando la Barbacana Defensiva, descubriendo todos los recovecos y asomándome a todos los rincones, incluidas las troneras para armas de fuego, desde donde antaño defendiéronse los habitantes del Castillo de ataques enemigos, llegué al Patio de Armas, y cuál fue mi sorpresa al ver que estaban expuestas varias máquinas de tortura, que aun siendo reproducciones llegaban a transmitir la angustia y el temor de los acusados.

Tras curiosear un rato la zona, llegué a la Puerta del Norte que da paso a la Zona Palaciega donde se sitúa la Torre del Homenaje dotada de grandes ventanales y una escalera de caracol por la que se accede a la terraza superior almenada, desde donde podemos contemplar la ancha llanura de Castilla, y quizá atisbar a lo lejos algún vasallo desorientado…

La última estancia que podemos visitar, es el Tapial Alomohade, que es la parte más antigua construida con madera y tierra.

Para salir de las dependencias deberemos realizar el mismo camino a la inversa.

La visita es corta pero vuestra merced podría completar el día realizando los itinerarios que proponen en la oficina de turismo, degustando la rica gastronomía de la zona y finalizar la jornada con una merendola en el Pantano… pero de estos otros lugares ya daremos cuenta en posteriores entradas.