La laguna de San Benito

Quienes estos días atrás hayan recorrido la recta de Almansa, se habrán encontrado con una sorprendente laguna en su máximo esplendor a la altura de San Benito, una pequeña pedanía situada en el paraje conocido como “El Hondo”, que pertenece al término de Ayora, a los pies de la Sierra del Mugrón.

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Se trata de una laguna de carácter ahora temporal, pero que tiempo ha, fue permanente. A principios del siglo XIX fue cuando se desaguó mediante un sistema de canalización, pues el agua estancada era un foco de paludismo, o al menos eso refieren algunos estudios consultados. Aunque por otra parte confería a la zona una riqueza faunística propia, imaginaos un pequeño espacio de tierra fértil que contrastaba con el secano colindante y donde las aves migratorias encontraban reposo y avituallamiento en su largo camino.

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Las lluvias que tuvieron lugar a principios de agosto y propiciaron el desbordamiento del pantano de Almansa dieron pie a la formación de esta laguna que no se llenaba a este nivel, según me informaron unos lugareños que allí encontré, y a los que desde aquí agradezco su relato y su tiempo, desde 1986.

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Esta laguna cubre aproximadamente una superficie de 500 hectáreas, tierras que pertenecen a Almansa y a Ayora, campos de cereales que fueron segados unos meses atrás y que ahora y hasta que se evapore, están cubiertos por el agua creando un ecosistema singular, que no sabemos cuándo volveremos a poder ver. Al ser de una laguna de carácter temporal es algo que los vecinos y vecinas tienen en cuenta, pero que no pueden prever.

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San Benito es un lugar curioso en nuestro Valle, hoy nos hemos centrado en su laguna, pero quizá también estaría bien hablar algún día de su historia.

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Rilas

En enero el día ya nos empieza a regalar más minutos de sol. Pese al frío, enero también es un mes en el que se celebran fiestas en diferentes pueblos del Valle; una de ellas es San Antón, que en el pueblo de Cofrentes se celebra con el nombre de “sagatos” (hogueras).

Son las mismas fechas cuando el calor de una hoguera nos calienta la mañana en la labor que a continuación describo.

Todo empieza sobre la tierra roja de una finca de almendros. La poda de estos llena el suelo de finas ramas y a veces no tan finas. El trabajo, simple pero laborioso, consiste en dejar limpia la zona, amontonándolas en una fila entre los almendros (a estas filas se les llama “rilas”) para más adelante dar paso a la labranza.

Estas líneas onduladas de madera, que se unen formando la figura de un tenedor, es la herramienta que se utiliza para este trabajo. La horca, así se llama, no necesita ni gasoil, ni motor y tampoco produce ningún ruido, ideal para disfrutar del trabajo en el campo, en una mañana soleada y sin el frío habitual de Enero.

Como si llevase un imán, la horca enlaza una maraña de pollizos podados, que son esas ramas nuevas del árbol, que aunque jóvenes, arañan la cara como los gatos.

El trabajo sigue, mientras, podemos ver que la flor del almendro ya asoma. Es hora de cruzar los dedos para que los hielos de enero, febrero o marzo, no maten las delicadas flores. En el Valle todavía no florecieron, aunque poco les falta, pero las poblaciones más cercanas al litoral ya tienen el árbol casi en flor.

Hechas las rilas, pasa a encargarse de ellas un tractor que las va llevando a un montón. Es como barrer el campo, pero a gran escala, sólo que no será el recogedor el que se deshaga de estos montones de ramas, sino las llamas.

Mientras el fuego empieza a cogerse, el tractor se atreve a seguir acercándose para amontonar bien las ramas y para que queme durante menos tiempo y lo más controlado posible.

El campo empieza a llenarse de humo, el tractor desaparece a veces y hasta los almendros se pierden. El cielo y el sol dejan de verse también. Un humo blanco envuelve por unos minutos todo aquello que está después de la hoguera. El montón de leña, que me saca dos cabezas, lanza una torre de humo guiada por el viento.

Pocos minutos después las llamas son protagonistas, tanto como el fuego de las hogueras de San Antón que celebrarán en estas fechas muchos pueblos de nuestro Valle.

Almendra

Me encantan las almendras. Ahora es el tiempo de su recolección, pero cuando todavía están un poco verdes están deliciosas, el gajo lo puedes pelar con los dedos y al comerlo es tierno y dulce. Pero me gustan de cualquier manera.
A lo largo del Valle de Ayora Cofrentes se puede ver mucho cultivo de este fruto seco, aunque hay algunas fincas ya olvidadas, todavía algunos propietarios siguen cuidando estos campos.

Antes, cuando las familias vivían del campo y no había maquinaria para hacer el trabajo, la recolección de la almendra se hacía con todos los miembros de la familia, incluidos el hermano del primo de tu tío, la cuñá de tu prima, los sobrinos del hermano de tu abuelo, etc. El trabajo a base de varas y mantas para recogerla, se ayudaba de pequeñas máquinas que le quitaban la colfa.

En la actualidad la recolección de la almendra, como muchas otras cosas está mecanizada. Apenas dos personas, una recogedora y un tractor con remolque son necesarias para esta tarea. Aún así siempre es agradable que la familia se junte para seguir apoyando el cuidado de estos campos que fueron el resultado del duro trabajo de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…

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